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Qué hacemos en una valoración funcional de una persona mayor

No buscamos poner una nota ni demostrar lo que alguien ya no puede hacer. Medimos su punto de partida para decidir qué necesita y comprobar después si está avanzando.

4 de septiembre de 20264 min de lecturaFernando Royano · CCAFYD
Mujer mayor realizando una prueba de marcha durante una valoración funcional en casa

Si estás buscando ayuda para tu madre, tu padre o tu pareja, probablemente no necesites otra lista de ejercicios. Necesitas saber qué puede hacer hoy, dónde encuentra dificultad y qué merece la pena trabajar primero.

Para eso sirve una valoración funcional.

No es un examen que se aprueba o se suspende. Tampoco es una consulta médica ni un diagnóstico. Es una fotografía del punto de partida: cómo se levanta, cómo camina, cuánto equilibrio conserva y cómo se traducen esas capacidades en su vida diaria.

Primero hablamos de su vida, no de los tests

Antes de medir nada necesitamos contexto. Dos personas pueden obtener un resultado parecido y necesitar programas completamente distintos.

Preguntamos qué actividades quiere recuperar o conservar: bajar a comprar, ducharse sin ayuda, levantarse del sofá, salir al parque o volver a visitar a sus amigos. También revisamos antecedentes de caídas, dolor, operaciones recientes, medicación relevante, ayudas técnicas y recomendaciones sanitarias.

La pregunta importante no es solo «¿cuánto tarda?», sino «¿para qué necesita mejorar esto?».

Qué observamos durante la valoración

Equilibrio

Comprobamos cómo mantiene distintas posiciones de pie y qué apoyos necesita. No buscamos llevar a nadie al límite. Queremos saber desde qué situación puede trabajar con seguridad.

Velocidad de marcha

Caminar unos metros aporta información sobre la movilidad global. Observamos el ritmo, la longitud del paso, los giros, la estabilidad y si aparece fatiga o inseguridad.

Levantarse y sentarse

Este gesto reúne fuerza de piernas, coordinación, movilidad y confianza. Es una capacidad que se repite constantemente: sofá, baño, cama, coche o mesa.

Capacidad funcional de las piernas

Cuando la situación lo permite utilizamos la Short Physical Performance Battery (SPPB), una batería objetiva que integra equilibrio, marcha y levantarse de una silla. El National Institute on Aging la describe como una herramienta para evaluar el funcionamiento de los miembros inferiores en personas mayores [1].

Riesgo de caídas

Una puntuación física no cuenta toda la historia. Por eso preguntamos por caídas recientes, dificultad para caminar, miedo a caer y otros elementos que pueden modificar el riesgo.

Cómo tenemos presente VIVIFRAIL

VIVIFRAIL nos aporta un marco útil: valorar la capacidad funcional, comprobar por separado el riesgo de caídas y orientar el ejercicio según el punto de partida [2].

Su propuesta utiliza el SPPB para distinguir perfiles funcionales y contempla programas multicomponente adaptados. Eso ayuda a ordenar la información, pero no sustituye el criterio profesional ni obliga a copiar un programa cerrado.

En ANTEA lo usamos como base de razonamiento, no como una etiqueta. Después incorporamos el entorno de la persona, sus objetivos, su experiencia previa, sus preferencias y cualquier indicación médica.

Qué ocurre después

Con los resultados elegimos prioridades. Una persona puede necesitar más fuerza para levantarse, otra confianza al girar y otra resistencia para completar un paseo sin agotarse.

El programa puede combinar:

  • Fuerza y potencia adaptadas.
  • Equilibrio estático y dinámico.
  • Marcha y cambios de dirección.
  • Movilidad y flexibilidad cuando son necesarias.
  • Trabajo de resistencia ajustado a la situación.

También dejamos una referencia inicial para repetir algunas pruebas más adelante. Así no dependemos únicamente de impresiones como «parece que está mejor». Podemos comprobar qué ha cambiado y decidir si toca progresar, mantener o modificar el trabajo.

Lo que una valoración no puede decir por sí sola

Un resultado bajo no explica automáticamente la causa. Puede influir el dolor, el cansancio, una enfermedad reciente, la medicación, el miedo o no haber entendido bien una instrucción.

Por eso evitamos diagnosticar a partir de un número aislado. Si aparece dolor nuevo, mareo, pérdida brusca de capacidad o una situación que excede nuestro ámbito, la prioridad es derivar al profesional sanitario correspondiente.

Una buena valoración no termina con una puntuación. Termina cuando la familia entiende qué hemos observado, qué vamos a trabajar y por qué.

Referencias

  1. National Institute on Aging. Short Physical Performance Battery (SPPB). Actualizado en 2025.
  2. VIVIFRAIL. Guía de prescripción y materiales para profesionales.
  3. World Health Organization. Integrated Care for Older People (ICOPE): guidance for person-centred assessment and pathways in primary care.

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